Alcohol y sexo: Lo que debes saber

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Del árabe Al-kohol que significa “lo sutil”. Este término se ocupaba para denominar a todas las sustancias que han sufrido un proceso de decantación o refinado hasta la esencia.

El proceso de producción de alcohol se remonta hacia miles de años. Los vestigios más antiguos se encontraron en China y la India, entre el 7000 y el 2000 a.c, se trataba de fermentación de arroz. Los primeros en fermentar la uva son los Babilónicos y Mesopotamia. Expertos en la fermentación de cereales son los egipcios y romanos y en la antigua Grecia conseguían un elixir de miel y agua llamado hidromiel del que los propios dioses advertían de sus efectos.

Todo lo que necesito es un trago. fuente: tumblr

Todo lo que necesito es un trago.
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En el Medioevo las bebidas espirituosas estaban relacionadas con los procesos alquímicos y se ocupaban para sanar, su popularización y abaratamiento lleva a la Europa del siglo XVIII a sumirse en oleadas de alcoholismo que llevó a las autoridades a regular mediante leyes su consumo, llegando incluso a prohibirse en Estados Unidos alrededor de 1920, el alcohol fue ilegal por más de diez años.

El compuesto etanol es un líquido incoloro e inflamable que se obtiene por “fermentación anaeróbica” de azúcares y levaduras. Al dejar los jugos macerando aparecen microorganismos que obtienen su energía química no del oxígeno sino de otros gases que se producen con la putrefacción. Es un proceso de cambio a nivel molecular.

Después del fermentado, el alcohol se puede destilar para obtener el compuesto con menos disolución, más puro. El porcentaje de alcohol por 100 ml de agua es lo que conocemos cómo graduación. Así un alcohol fermentado tendrá entre 5º y 12º mientras que uno destilado puede tener entre 30º y 75º.

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El etanol es una sustancia química, tóxica para el organismo. En dosis moderadas y puntuales puede eliminarse por completo y revertirse el daño fácilmente. En cambio su uso reiterado y excesivo daña gravemente las funciones cerebro cognitivas, cardiovasculares, renales, hormonales, el aparato gastrointestinal y daña gravemente el órgano que se encarga de filtrar y limpiar la sangre, el hígado. Además en dosis muy altas causa coma y disminución del ritmo cardiorrespiratorio hasta provocar la muerte.

Cuando es ingerido, traspasa rápidamente las paredes estomacales y pasa al torrente sanguíneo llegando a todos los rincones del cuerpo en pocos minutos.

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Lo primero en sufrir sus efectos (aparte del estómago) es el sistema nervioso central. El alcohol es un depresor, disminuye la cantidad de neurotransmisiones por impulso nervioso. Al disminuir la actividad cerebral automáticamente nos relajamos. Se apaga el miedo y la ansiedad, se relajan los músculos, se sueltan las tensiones, lo racional se va adormeciendo, las estructuras internas empiezan a flexibilizarse lo que nos hace sentir desinhibidos, más libres y osados.

Si la ingesta sigue aumentando se suelta la lengua y se pierde la vergüenza, luego llegan las dificultades motoras (¡ay que me caigo!) y la merma de la sensibilidad (tacto, vista, oído, olfato, gusto). Mareos, ganas de orinar, desorientación y éxtasis o en el lado opuesto somnolencia.

En cantidades muy altas ya explicamos lo que sucede, el cerebro sigue apagándose incluyendo el ritmo respiratorio y la frecuencia cardiaca.

Al tratar el cruce entre alcohol y sexo podemos adoptar distintas posturas.

Podría parecer que al embriagarnos vamos a disfrutar más, por aquello de la pérdida progresiva de timidez. ¿Quién no ha provocado alguna vez esa situación que nos lleva a lanzarnos a lo desconocido sin miedo?

El uso del alcohol está socialmente aceptado como modo de diversión, precisamente por ese júbilo transitorio pese a que al día siguiente tengamos el encéfalo destruido por la deshidratación.

Como toda droga, el punto clave es la dosis.

fuente: tumblr

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Si desde hace miles de años los seres humanos buscamos ese estado extático es porque de alguna forma necesitamos esa experiencia. La cuestión es ¿Dónde está el equilibrio?

Beber nos pone calientes y predispuestos pero también insensibiliza el cuerpo y nos hace temerarios.

“Ayer se me apagó la tele, ¿Dónde dejé mis calzones? ¿Nos pusimos condón?” o peor ” Mierda cuál era su nombre…”

Hacer el amor borracho tiene algo de salvaje y loco que puede ser satisfactorio.  No obstante en el caso de prácticas sexuales en las que la integridad física depende del control y la confianza no se recomienda el uso de ninguna droga precisamente por lo mismo, no pasarse de la raya.

Pero qué rico es entregarse a la lujuria después de una fiesta loca… siempre que no te duermas en medio del acto.

Como conclusión, cada cuerpo es y reacciona distinto, y cada mente tiene unos mecanismos de compensación diferentes así que habrá gente  a la que le guste el sexo curado y quién prefiera la experiencia al natural.

Lo que está claro es que el etanol como químico es altamente tóxico si se consume en altas cantidades. 

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No vamos a enumerar los efectos adversos del alcohol, no somos nadie para juzgar este elixir entregado por los dioses que embriaga los sentidos y nubla la mente, tampoco hablamos en este artículo del caso en el que el consumo se convierte en patología hasta deformar la personalidad.

Solo puntualizar que la diferencia entre una noche de pasión desenfrenada y un error irrecuperable está en el uso que se le dé, en la madurez del bebedor y en la calidad de lo que ingerimos.

Somos seres con libre albedrío, podemos disfrutar de los momentos de descontrol si después somos capaces de volver al centro. Simple sentido común y autoconocimiento, pero ojo con el exceso de confianza.

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Gracias por leer, te esperamos más veces en Fetish.

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