El diario de Mila: Guerrillera

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Llego a la oficina, temprano en la mañana, no tuve tiempo de secar mi pelo, gotea un poco, pero da igual, no hace frío.

•¿Y tú? ¿Tan mojada llegaste? – pregunta y se ríe nervioso, no sabe si entra en mi escala de humor o en mi escala de ofensa. Para ser honesta, entra en un poco de ambas, pero que él lo diga me hace sonrojar.

•El que puede, puede. – Esa es mi respuesta. Sé de sobra que espera que sea verdad, que en verdad esté diciendo que ante su sola presencia yo me moje, yo gotee, como mi pelo.


Así pasan los días con mi amor platónico de oficina, con mi jefe. Es, como dicen, “un hombre bien”, guapo, alto, ojitos claros, bueno, obediente, buen padre, buen marido, va a la iglesia todos los domingos, habla a sus hijos de Dios y de cómo no hay que desear a la mujer del prójimo. Pero yo sé, lo veo en el brillo de sus ojos mientras me mira, yo sé que ahí dentro hay más.

Hay mucho más, están las ganas de libertad, están las ansias de salirse del esquema, está la pizca de duda que pregunta todos los días ¿Es ésta realmente la vida que quiero? ¿Son éstos los orgasmos mediocres que esperé en mi juventud y que prometí tener hasta que la muerte nos separe? Y después de eso estoy yo. Estoy yo usando faldas cortas, estoy yo usando escotes, estoy yo soltera, risueña, alegre, libre, sin tapujos, sin ataduras, diciendo lo que piensa y demostrando lo que siente. Es como si lo escuchara pensar “ella sí sabe vivir”.

Yo lo miro y lo único que pienso es que quiero bajarle los pantalones y liberarlo, liberarlo de las jornadas de 8 a 5, liberarlo del adulto responsable, recibir toda esa descarga de represión vivida tantos años, por tanto tiempo, recibir la descarga del portarse bien, recibir a sus 38 años el orgasmo que lo hace sentir de 25 y recibir con cada gota de semen su Yo verdadero, sus chaquetas de cuero, sus noches con amigos riendo hasta que ya nada tenía sentido.

Me viene todo el deseo de liberarlo, me viene el deseo vivo de la revolución, por eso el rojo es el color de la revolución, porque también es el color del sexo. Voy a ser guerrillera, voy a tomar mis armas y veré cuanto puedo presionar, cuánto puede él vivir consigo mismo en esas condiciones, hasta que entienda que… la revolución es necesaria.

Mila der Mondschein

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2 respuestas a El diario de Mila: Guerrillera

  1. Como que te estas metiendo donde no deberías.
    Tú estas soltera, el tiene hijos y esposa. Si no es esa la vida que el quiso en su juventud no es tu obligacion ni deber ni nada el arruinarlo todo solo por una noche de calentura.
    Busquese un hombre igual pero que sea tan libre como tu. Sacie sus necesidades hasta mas no poder y deje al hombre casado c9n hijos tranquilo. Sea puta, sea culiá….
    pero no sea maricona.

  2. Alvaro dice:

    Lo que más me gustó fue ese “si” de la frase: “ella si sabe vivir”, por que pretende ser un sí, pero sólo es un triste si condicional. Besos.

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