El Diario de Mila: Topless Libre

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El topless no es lo mío, o no lo había sido hasta este momento. Como buena ingeniera, soy bien cuadradita, cuando viví en Las Europas (sí, soy una pequeña burguesita de mierda que vivió en Alemania. Para continuar inserte la canción “Porque no se van” de Los Prisioneros, aguante el autobullying) ni me escandalizaba, ni me llamaba la atención la normalidad con la que las minas mostraban las tetas, y sí, fui la única enferma que usó tankini en la playa de Barcelona, da igual. Pero ahora todo cambió.

Hace un par de meses atrás, fui a la playa y un par de mujeres muy simpáticas llegaron, se ubicaron cerca de mí y se desprendieron de toda cobertura de sus tetas. Muy amablemente una de ellas me invitó a ser parte de su grupo. Más mujeres fueron llegando y volaban sostenes, poleras, bikinis, y hasta las X negras de censura de Facebook las abandonaron, yo seguía con la totalidad de mi ropa disfrutando el día de playa con la comunidad de tetas.

Un par de semanas más tarde volví a la que ahora es conocida en Viña como la playa del Topless. Así fue como conocí a la mujer con el nombre más impresionante que he escuchado en mi vida, Franka Libertad, organizadora y co-fundadora de Topless Chile. Esta mujer que desde lejos muestra su personalidad indomable, me reconoció e invitó a ser parte de su grupo y yo, nuevamente, volví a sentarme con ellas y conservar la totalidad de mi ropa. “¿Tú qué onda? ¿Por qué con tanta ropa?” Me preguntaron, y les di la explicación más basura –pero cierta- que he dado en mi vida: “Me da miedo quemarme las tetas”, lo que en parte es verdad, me da miedo el sol, pero bajo ninguna circunstancia es una excusa válida después de las 6 de la tarde.

Entonces, ¿por qué con tanta ropa? No sé. El pudor se hizo claro y me torturó desde que dejé la playa. El pudor no debiese tener el poder en mí para perderme esta experiencia. Me dio rabia, rabia con la sociedad por mantener esta simple conducta en la ilegalidad, rabia con mi abuela por meterme en la cabeza lo poco decente que sería realizar el simple acto de la desnudez, rabia con mi mamá porque había fallado como feminista de la segunda ola, pero más aún, rabia conmigo misma por escuchar todo esto y hacerlo propio.

Me metí al fanpage de Topless Libre Chile, y encontré un artículo que cambió mi perspectiva (https://www.facebook.com/TetasLibre/posts/1295846837113704:0). El artículo habla de cómo las tetas de una mujer no son principalmente suyas, sino de otros: para alimentar a los críos cuando los tenga, para competir con otras mujeres, para seducir, excitar y complacer a otro, en fin, una extensión de la represión sexual que vivimos día a día.

Con todo esto dando vueltas en mi cabeza, decidí no ser más esclava, decidí que todo mi cuerpo es principalmente para mi deleite personal y no de otros, decidí que en la próxima sesión de playa a la mierda la ropa que cubra mis tetas y a la mierda el manto oscuro que nos obliga a ser de otros.

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Créditos: Evento Topless Libre en Parque Cultural ExCárcel de Valparaíso.
Fotógrafo: Tomás Reyes Fotografía

Hoy, ya casi sin marcas de bikini en las tetas, puedo decir que para mí la satisfacción de este simple acto es más política que sensorial, es decir, si bien se siente rico en la piel, se han abierto un sinnúmero de cuestionamientos al respecto, principalmente los siguientes:

¿Por qué los hombres pueden andar en topless y nosotras no?
Ya dije que es rico, no es un orgasmo, pero es rico. Si no están siendo usadas de manera erótica, las tetas son parte del cuerpo y nada más. Lo que implica que si las mujeres podemos apagar y desapagar el morbo al mirar el cuerpo del hombre, los hombres también debiesen poder hacer esta tarea TAN ABSOLUTAMENTE NORMAL Y COTIDIANA. Nadie le anda pidiendo a Michael Fassbender que ande con un cartucho en la cabeza porque es sensual ¿o si? ¡Vamos cabros! no es tan complejo hacerse cargo del comportamiento personal en público, yo les tengo Fe.

¡Por Dióh alguien piense en los niños!
Los niños, ¿Qué es lo que pasa con los niños? Te apuesto a que están más acostumbrados a ver tetas que nosotros, total se amamantaron hace poco.

En el caso de los niños más bien púberes, ¿sabían ustedes que existe el internet? El internet es el lugar al que van estos inocentes angelitos cuando quieren ver tetas, es la herramienta que les permite encontrar un sinfín de tetas y masturbarse en la efervescencia hormonal adolescente como si no hubiese un mañana. Esto no es un cuestionamiento, es un HECHO, no importa cuánto el mundo quiera negarlo, va a pasar, tarde o temprano, vivir en un mundo globalizado y tecnológico nos permite hacer eso. Ante esta abismante realidad, creo que es mejor también enseñar que el cuerpo de una mujer debe ser respetado, sin importar cuan caliente el niñito se ponga, que las mujeres tenemos derecho a mostrar nuestro cuerpo como queramos, y que esto puede NO tener nada que ver con levantar un pene.

Nos preguntaron si éramos lesbianas.
¿Mujer libre es igual a Lesbiana? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Gracias? ¿Ah?

Sorpresivamente la mayoría de personas que se sienten ofendidas son mujeres.
Esto me da como penita. Porque al final, ellas detestan la libertad que no tuvieron, ellas te repudian porque odian sus rollitos y una no (yo tengo rollos, no estoy cerca de ser modelo de Victoria’s Secret, ni para maniquí de importadora me alcanza). Ellas se ofenden porque odian sus cuerpos. Ellas se ofenden porque “ni que fuera un cuerpo bonito para andar mostrándolo”, y sus cuerpo bajo sus propios estándares no son tan bonitos como para andar mostrándolos. Se ofenden porque mi cuerpo no será el más bonito, pero mi cuerpo al menos es más amado, ultra amado y querido por mí.

En fin.
Voy a seguir haciendo topless, creo que es un buen ejercicio social, creo que es un aporte, creo que hay que tomarse los espacios, y quiero que seamos más. Los invito a todos a abanderarse un poquito con la causa y pasarlo bien.

 

Mila der Mondschein

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Créditos: Franka Libertad en Playa del Topless, Viña del Mar.
Fotógrafa: Mila der Mondschein

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